DISTRACCIÓN MASIVA
martes, octubre 10, 2006
 
día 1 against all odds
Son pasadas las 12 de la noche y un chico acaba de salir de la habitación. Fuimos a un karaoke y al volver me acompañó hasta la residencia y quiso entrar a ver mi pieza. Dijo cosas sobre mí y tuve un poco de miedo. No entiendo cómo estando Gabriela pudo tener noticias de mi existencia. Creo que toma droga. Me hubiera gustado que estuvieras conmigo. En ese y otros tantos momentos.

Acá son casi todas chicas. Hay una muy linda que se llama Concha, Rosario Concha. Es un poco gorda pero no me importa. También hay algunos varones, como ese poeta que estuvo preso por consumo de pornografía infantil y que una noche en mi casa, en Buenos Aires, se quedó hablando conmigo en otra habitación y nos hicimos amigos mientras en el living los demás se emborrachaban. Tiene el pelo cada vez más largo y la tez cada vez más lampiña, ya es casi una chica.

Ahora la cabeza sube y baja como en las turbulencias del avión. Desde el avión vi las montañas nevadas, una más alta que supuse el Aconcagua, y las construcciones organizadas de los chilenos. En el avión leí casi la mitad del libro sobre el amor. El avión es un lugar ideal para leer (salvo cuando se sacude): no hay mucho ruido ni interrupciones y principalmente no hay ninguna otra cosa mejor que hacer. Se pasa volando, como una novela rosa (sí, sí, eso me pasa a mí: Todo amor lucha por sepultar las fuentes de su precariedad e incertidumbre --pero: Si lo consigue pronto empieza a marchitarse y desaparece --no, no creo. Desde mi cama se ve un espejo. O: en el espejo me veo yo en la cama (=nosotros en el reflejo de la tele); algo así como debe ser en un telo.

[Buenos Aires, mediodía, seis chicas sensibles
atrapadas en un aeropuerto, y en otro y en otro. En el pasillo que va de la ansiedad al completo azar, comunión con Romina: ¿vos por qué? ¿vos por qué...?]



día 2 hic et nunc
Tomamos mucho pisco y unos vinos buenísimos, dulces como me gustan a mí. Te va a parecer raro, pero de alguna manera extraño a tu mejor amigo, me gusta cómo se ríe, me gustaría verlo. Me toca dormir con Gabriela. Tiene un camisón negro con flores muy propio de ella. Yo también traje un camisón de flores. Tenemos cama matrimonial. Los chilenos no conocen el concepto de cortinados, me dijo Cecilia esta mañana (ni de persianas, ni de postigos), y yo ya lo había adivinado anoche. Soñé con cuando nos conocimos, tendrás el anillo todavía, tendrá para vos alguna importancia... Me desperté llorando, como si necesitara una certeza inmediatamente, o voy a decirlo con todas las letras: un beso y un abrazo y algunas palabras de amor. Volví a dormir. Cuando abrí los ojos, encandilada, Gabriela dormía como una reina. Me puse una bikini, una pollera y zapatillas y salí.

Coquimbo está lleno de barcitos de madera humedecida pintada de verde manzana, con guirnaldas de los colores del país y botellas raras. Hay boites en cada cuadra (así se llaman acá, con carteles de neón): El mejillón es una a la que quiero ir esta noche. Ahí trabajan chicas y arriba tienen habitaciones que desde la calle fulguran con luces rosadas.

No había nada abierto todavía esta mañana cuando salí. Le pregunté a una chica medio negra con miles de trencitas a dónde podía conseguir un café y me dijo que ella estaba por abrir. Desayuné con ella y me fui a caminar para el lado del mar. Había un mercado con puestos de colores fluorescentes, naranja, amarillo, verde, donde venden pescados, frutas y cosas usadas. Me compré una blusa violeta con flores por 0,60 centavos argentinos que creo que nunca voy a usar. Quise comprarte algo a vos, pero todo parecía poco. Por la costa vi unos pájaros enormes, con unas garras enormes. (¿Será esto el comienzo de algo? ¿Será posible acceder a eso del fürsein?) Pienso en vos. Pienso, dios, quisiera poder construir algo. Ni siquiera tanto: quisiera saber que sería posible. Cuando veo las manos de la gente pienso en vos.



día 3 todo el viento y el relámpago
Les parece liviano y frívolo lo que leen las argentinas. Ellas casi lloran mientras se quejan de los tumores mamarios y "la menopausia a los 28 años" (juro que estoy citando) en los poemas. Pero los varones nos miran a nosotras y cuando ellas leen hacen sonar sus celulares, dicen cosas en voz alta o directamente roncan, machos expertos en boicot. Los varones son un desastre. Si no están al borde del coma alcohólico reman mayúsculas resacas. (En la fila de atrás, Cecilia le dice a María: "Esto es como estar en un loquero").

Según Ce, en Chile hay un 8 por ciento de desocupación, un 20 por ciento de pobreza pero una diferencia de 26 veces entre los más ricos y los más pobres. No se ve gente pidiendo -casi no hay indigentes. La pobreza del Norte parece más dura: la estética de la aridez la hace parecer más sufrida, y de hecho lo es: los pobres del Sur -con sus arbolitos y sus riachos- no llegan a pasar hambre, de última viven de los frutos de la naturaleza. Me resulta espantoso el uso que hacen del español. Jamás podría enamorarme de un chileno.

En una esquina, una mujer se mete en la boca algo negro. Tardo un rato en darme cuenta de que es una aceituna. Son carnosas y fuertes como ellas -horribles, gordas. En las esquinas venden frutillas, papayas y alcachofas. El concepto de mercado todavía no se perdió como en Buenos Aires. Anoche fuimos a la boite. Finalmente -me fijé bien- no se llamaba El mejillón sino Mejillon`s, mucho más lógico. Bailé canciones con letras procaces bajo la luz negra con todas las chicas y el poeta Pablo Paredes como en cualquier película de lynch y las trabajadoras del sexo nos odiaban en silencio por haberles robado la escena. Ya me imaginaba a todas nosotras con las caras cortajeadas por haberles hecho perder la noche.

De las seis chicas que viajamos juntas desde Buenos Aires, tres se están divorciando. En el micro a la Serena, donde fuimos hoy, hablamosde amor, de lo que queremos todas (certezas) y de la ansiedad (confirmación permanente) y los miedos de todas (la PC=mente del otro). Hasta la más pintada... Mojamos los pies en el mar helado del Pacífico (y ruego: algo de esto -de la serenidad, de la paz- me tiene que llegar) y recorrimos las calles del centro. Las librerías son imposiblemente malas y caras. Entramos sólo a las tiendas de ropa usada, nos probamos vestidos y nos sacamos fotos. Vuelvo al hotel sola con María. Nos decimos cosas que, cuando nos volvamos a ver, vamos a simular no saber --pero sí, pero sí. Cuando llegamos, seguimos conversando en la recepción. No podemos separarnos. Todo esto, también, pasará.

La lectura avanza. A veces me resulta muy inglés, a veces solamente muy europeo. La parte sobre el sexo me aburre un poco, es un tanto obvia (quiero llegar rápido al capítulo sobre la dificultad.. no que me esté costando, no ahora). Pero igual: claro que sí, qué duda cabe, el sexo es mucho mejor si hay amor y deseo (aún como fantasía) de procrear. No creo en la fatalidad de la época, tal vez sea un poco omnipotente (sí, ya sé) pero no creo que eso haya llegado a sobredeterminar, por ejemplo, mi plena capacidad para hacerme cargo de que los actos tienen consecuencias. Por eso hice tantas cosas. Por eso, también, nunca lo hice...



día 4 puerta-door-puerta-door-puerta-door
Quiero decirte: cada vez que pronunciás mi nombre, o lo escribís... y cuando es en diminutivo... pero, ah, eso que sentí cuando me llamaste por el nombre que me dicen los más íntimos, sólo los que sienten que ninguna barrera formal nos separa (familia). Hoy fuimos a la Cruz, escalamos cuatro chicas en diversos estados del corazón. Cuando llegamos hasta allá arriba nos tiramos al sol para hablar de amor. También hablamos de libros, de escritores y de si metían los cuernos. Anahí dijo: para mí lo mejor es llegar a casa, quedarme descalza y saber que aunque no haga nada, o incluso aunque haga algo mal, él me quiere, porque el mundo ya es bastante agresivo.

Ayer a la mañana tuve un momento de estrés extremo: la sensación deque mi mundo, lo que más quiero, estaba lejos, fuera de mi control, completamente expuesto, a la intemperie, susceptible de ser vulnerado. Subí y bajé escaleras, corrí, volví y me quedé afónica y cuando me entregué al destino, a lo que pudiera pasar, --a la suerte, a lo que fuera-- me relajé por completo y me sentí drogada. Así pase el resto del día.

Al atardecer, con los papeles en la mano, salí a caminar buscando un bar para decidir la lectura y, aunque te juro que no suelo conmoverme por los espectáculos naturales, vi la luna llena saliendo de atrás de las montañas, sobre el mar, y me quedé helada. El micrófono no andaba así que leí en voz alta, y hasta alguien gritó "uuuuuuu" mientras aplaudían --es probable que haya sido gabriela, pero igual. Vino un poeta chileno, un tal VH, aparentemente famoso, algo bukowskiano y muy macho, que se jactaba de haber tenido un bar de putas y me dijo: “Cuando te vi supe que no escribías cositas de rouge y esas pavadas, y no me equivoqué. Tu sí leíste bien a Gianuzzi –que se copió todo de Lihn--; porque acá la tradición es Lihn, quien te habla y el churrasco" (refiriéndose, creo al esposo de ce, germán carrasco).

Las lecturas son maratónicas, hay mucha lesbiana y una mujer mapuche por la que no apostaba nada leyó una especie de haikus (qué necesidad de explicar por lo que uno ya conoce) "la lluvia moja todo hasta los huesos" --y eso es todo. muy hermosos. Me olvidé de contarte: en la residencia, los llaveros de las habitaciones tienen forma de poronga. Con Gaby nos turnamos porque hay una sola. El servicio en Chile no es malo ni deficiente, definitivamente no es poco amable, pero siempre hay como una instancia de duda: uno pide, y antes de que te traigan el mozo vuelve una o más veces a reconfirmar (algo como las chicas en el amor...)

A la vuelta pusimos la tele. Después del noticiero de medianoche (al final no nos acostamos tan tarde, Gabriela dice que divertirse es un esfuerzo) anuncian un programa de espectáculos. Esperamos Rial pero en cambio es sólo sobre literatura. Apagamos la luz y Gaby me pregunta qué me pareció la lectura de una de las chicas. Antes de que pueda responder la despedaza. Me daban ganas de cachetearla, dice. Cecilia me cuenta que Danitza, una poeta del Norte que leyó unos textos bastante pasados, ayer, cuando me bajé del estrado, le dijo a un chico: qué parado tiene el poto esa niña. Podría contarte que esta tarde, sola en mi habitación, me hice una paja con todo lo que me rodeaba, y sería cierto. Pero prefiero hablar de amor o es lo mismo.



día 5 anteparaíso
Hay una luz dentro de la luz. Hay una luz dentro de la luz.
Gabriela y yo conseguimos algo en secreto y entre nosotras surgió esa complicidad enferma de los adictos. Aunque decimos que nos gusta estar solas, que nos vamos a un bar a leer o a caminar por ahí, terminamos todas juntas, tomando jugos extra dulces y hablando de... No extraño nada ni a nadie y no hay nada mejor que estar acá en Coquimbo, ciudad de las tazas bonitas, con ellas.

Gladys es hermosa. Gladys es un fantasma. Gladys es la mejor poeta chilena.

En el bar se enciende la vaca semiológica y la teoría fluye como el alcohol en sangre. Gabriela me dice al oído: esta tarde, pensé en mi novio cuando tuve ganas de hacer pis -una cosa lleva a la otra-- y escribí un poema pensando en vos. Yo pensé en vos cuando en la lectura vi una mano de dedos largos subiendo y bajando sobre un brazo. Me quedaría a vivir en Coquimbo si no fuera por todo lo que extraño algunos dedos.

Lee Anahí y VH se acerca: Cómo pueden ser feministas las argentinas, que les gusta tanto que les den por el culo. Cuando ellas leen pienso: quiero ser Gabriela, quiero ser Cecilia, quiero ser Marina. Marina lee y todo se enciende y se apaga como cuando es Navidad. Marina lee y todo se enciende y se apaga como las luces de las discos. Marina lee sólo me decis te amo por mail o por chat. Voy a esperar. Nadie dijo que llegaría temprano. Nadie dijo que llegaría.

Hay una luz dentro de la luz. Hay una luz dentro de la luz. Bailamos. Gabriela me dice sos muy linda. Gabriela me pregunta: Nuestros poemas son piropos? Escribo un poema para ella:

Blitzkrieg P.
Escribamos poemas para nosotras
Dígamosle cosas lindas a los chicos
lindos por la calle. Gritémos-
selas desde la bici: con poder
para pisarlos y algo duro
entre las piernas. Invirtamos
la lógica del piropo.

Hay una luz dentro de la luz. Hay una luz dentro de la luz.
Que es más chiquita y es oscura.
 




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