DISTRACCIÓN MASIVA
domingo, abril 09, 2006
  Temor y temblor
El domingo pasado, que es el día que miro tele (de diez a doce, más o menos, porque está el analista internacional que me gusta con el columnista de Página que todavía leo), vi a Tomás Abraham en un programa de cable que si no se llama El monitor podría llamarse así (en la pantalla se ve una tele donde entrevistador y entrevistado se ven y analizan lo dicho en el bloque anterior).
Abraham habló de los 70. En el fragmento que vi, habló de esa gente del primer cordón de la gran militancia, de los que por lucidez o falta de coraje no tomaron las armas y resistieron leyendo, viviendo con miedo, tuvieron más de un amigo o un pariente desaparecido, se juntaban en grupúsculos clandestinos de estudio. Fue honesto, no se montó a ningún caballito de batalla propio ni ajeno para jugar al héroe en el aura de los 30 años, y hasta dejó que a algún televidente --como yo-- se le erizara un poco la piel al pensar en esos filósofos, sociólogos, psicoanalistas que se reunían a leer Melanie Klein en casas bien ubicadas, entre arte moderno e indígena y muchos almohadones.
Yo viví la dictadura en ese cordón, en esa minoría --"minoría", dijo Abraham-- que sabía perfectamente lo que pasaba, que no se fue, pero que básicamente intentó seguir más allá del pánico con la vida intelectual y burguesa que conocía. Alguna vez traté de aferrarme a las hazañas más heroicas de mis padres --Ezeiza, la Plaza conmigo en la panza, las quemas de los libros que se habían traído de la URSS o alguna foto cerca de la bandera de Montoneros-- para creer que habían militado en serio. Pero no, están vivos. Y de alguna manera fue redentor verse en la tele, en palabras de un hombre inteligente, sin autoindulgencia, sin autoflagelo tampoco.
Igual, no creo que el haber estado en ese primer cordón durante la dictadura, ni en el segundo o donde fuera, te quite el derecho --o, si querés, la opción-- a ir a la marcha por los 30 años, a pensar el Golpe o a opinar. Desde ya, en la marcha debieron haber habido casi tantas posiciones como participantes, casi como durante la dictadura, pero yo no sé --y no estoy siendo irónica, simplemente no sé porque durante la dictadura era muy chica-- si durante la dictadura me habría quedado en mi casa. El miedo de mis padres me llenó de fuerza, así como la fuerza de sus padres llenó de miedo a muchos hijos. Como sea, lo que dijo Abraham sobre la memoria setentista fue mucho más noble --de más está decirlo-- que lo que le escuché en esos días a Don Pepe (también descreído de la marcha pero por razones más egocéntricas), a Don Ernesto (otro desconfiado, pero por razones más culposas), y a muchos otros. Y me dejó pensando.
El problema con Abraham en el programa del domingo, ese que tiene un decorado de láminas blancas en las que un marcador negro a mano alzada explica la mecánica, fue cuando se puso a hablar del presente. No de que se niega a comer conejo ni del conflicto con las papeleras. No de las elecciones en Perú ni de Berlusconi, sino de la resistencia hoy. Y ahí, afirmándose en un plural dudoso que lo incluía, me dejó pensando otra vez. Me pregunté si cuando decía que "la resistencia la estamos haciendo desde otros lugares" (perdón si la cita es inexacta, pero ya pasó más de una semana) se refería a sus columnas en Perfil, a medios de divulgación que desconozco o que conozco pero a los que accedo sólo de lejos (como su cátedra o sus seminarios), o a TP, cada vez más aburrido y más a la derecha --Semán tiene razón--, tratando de extrañarse en la cola del súper para no ser sólo el marido que vuelve a casa con el yogur para la constipación, o amas de casa desesperadas --Julieta (caliente) y Romina (furiosa), no-- que se horrorizan con las marchas o el estilo K como las señoras con perrito de mi barrio, y sin Schmidt, que nos había malacostumbrado a pasarla bien, ahora de licencia. Me quedé pensando y me pregunté si eso era la resistencia.
Concedo --con la capa de sarcasmo que él mismo le unta-- en que hablemos de contraopinión, sumándole tal vez a los requisitos del contraopinador, alguna rarity sonando de fondo, mientras con las Topper toma café en un bar en el que nadie sospecha las genialidades que pasan por su cabeza, o viaja en subte, donde hasta puede parecer uno más, alienado, yendo a trabajar. Pero, por favor, que alguien me diga, la resistencia dónde está.
 
Comments:
en la casa rosada, marina
 
mis viejos también pertenecen a ese cordón, llenos de miedos todavía, y yo, que ni había nacido, como tantos otros, también fui a la marcha del 24.
besos!
 
te parece, amigo?
 
no estoy segura, san.
otras opciones?
 
El 24 de marzo es un dia que me da tristeza. Un dia que los milicos salieron a matar gente, que deje de ver para siempre a varios amigos.
Cómo puedo conmemorar nada, justo ese dia?
 
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